sábado, 1 de marzo de 2014

El péndulo de cal: oscilación entre víctimas y victimarios*

*Texto para la presentación del libro El Péndulo de cal, de Alondra Berber
Por Estephani Granda Lamadrid

Hablar de poesía escrita por mujeres, inevitablemente conlleva a mencionar una posición de género. Es cierto que el mundo literario para las mujeres, por ejemplo, en la época colonial había sido reducido al trabajo epistolar o la autobiografía, también la temática se vio limitada a describir temas religiosos, actividades domésticas y “tradicionales” que reflejaban el papel que las “mujeres” debían cumplir, es decir, tras la llegada de españoles el papel de la mujer fue perfectamente definido como objeto de intercambio, de deseo, cuidadora, una figura servicial: un objeto, pasividad. 
Con agrado puedo observar que libros como “El péndulo de cal”, de la poeta guerrerense Alondra Berber, ha trascendido en este aspecto, y en su primer libro publicado se arriesga con más de 60 poemas que sobresalen por su confección, por la exactitud de recursos estilísticos y tratamiento temático, no se trata de un libro encriptado o escrito para un grupo selecto de exquisitos lectores: el universo de palabras que se generan dentro de las páginas surgen de forma natural, lo cual permite un acercamiento instantáneo entre el lector y los poemas, cosa que en ocasiones es difícil de lograr. Las figuras femeninas toman papeles protagonistas dentro del “Péndulo de cal”, se habla en primera persona, se aleja un poco de temas cliché como el reconocimiento del cuerpo femenino, al amor idealizado, la maternidad. Los poemas son cortos, de versos contundentes, breves. Los puntos y seguido entre ellos proporcionan un dramatismo ideal en su construcción. En cuanto a la estructura general de la obra, la poeta apuesta por la interacción del libro como objeto, ofreciéndonos para su lectura en primer lugar un orden lineal y consecutivo de los poemas; después, nos sugiere la división del libro en tres historias en un orden distinto. Sea cual fuere el orden en que se inicie, lo importante es la unidad que se logra, es decir, el lenguaje se mantiene en un nivel constante y el tema se mantiene sin repetirse durante todas las páginas.
En este sentido, Berber permite observar una apertura hacia temas que suelen considerarse violentos y por lo tanto, masculinos, como lo es el narcotráfico y el microcosmos que existe a su alrededor. Si bien, este tema ya ha sido abordado tanto en narrativa como en poesía, incluso por contemporáneos de la misma poeta oriunda de Guerrero, nos queda claro que todo arte no puede desligarse de su contexto histórico. Es inevitable que los poetas tomen referencias de un mundo que les sumerge o ahoga, de una realidad que está presente no sólo para ellos de un modo particular, sino que afecta incluso el tejido de una sociedad, por lo que la poesía se vuelve un vínculo que permite un respiro, un instante luminoso de reflexión, conectando a la palabra con el imaginario colectivo. De este modo, más allá de hablar de un tema que podría llamarse “de moda”, me refiero al tema de los ejecutados, niños sicarios por ejemplo, hablamos de una realidad que se vive con más crudeza como una herida que se ha infectado desde hace poco más de un sexenio, y que ningún mexicano puede negar, independientemente de su situación económica o geográfica. El mundo y la forma en que se relacionan las personas ha cambiado, la sensibilidad ha cambiado y por lo tanto las prácticas sociales también. Entonces, hablar de temas clásicos, quiero decir, simbolismos inscritos en la mitología griega o cristiana, o intertextualidades literarias que normalmente parecen ser tabla de salvación para la poesía, el día de hoy no son suficientes. No podemos cerrar los ojos y decir que el mundo es rosa, que aspirar a lo bello, lo verdadero y lo bondadoso a través de imágenes bellas harán cambiar esta realidad que duele. 
“Sé bien qué es la muerte, / la he sentido adentro, arrodillando mis miedos, / la he visto en las calles, azotando / a los que amo. / Poder. / El juego de los Dioses Falsos. / El resplandor del consumismo en las pupilas del pueblo. / Nubes de humo entre los perros de arriba y nosotros / La alienación festiva / de la telenovela y la droga. / Ideología de la estupidez”
Hay que empezar por admitir que hay otras muchas realidades que conviven, que están presentes. La violencia en las calles ha sido ya tratada en otras ocasiones como mencioné anteriormente, pero qué hace diferente el libro que la poeta Alondra Berber nos pone sobre la mesa. Reitero, hay que decir que este libro es como escuchar las paredes gruesas que durante el día acumularon los ruidos de un mundo violento y que durante la noche, estas mismas paredes responden y repiten el instante aterrador de la muerte: ver morir al ser querido constantemente, un flashback en cada muerte que parece más irreal que la anterior. Y un ser querido también puede ser un victimario, un motivo interesante para mostrar una poesía cargada de emotividad, metáforas e imágenes poderosas, dando, dentro de lo terrible del tema, una frescura en el tratamiento del mismo, como queda escrito en el primer poema de la sección ¿Dónde estaba dios a las seis de la mañana?:
“Lo miré llorar, / supe que en sus ojos las lágrimas existían, aunque todos dijeran que estaba seco. Le dolía ser quien era, no tener / un mundo a donde volver. / “Es un asesino” reclamaban, / si me aproximaba decidida, / un asesino si me distanciaba hipócrita. / Un asesino siempre, sin descanso”
Ahora bien, este no pretende ser exactamente un libro de denuncia, es, más bien un libro que muestra una radiografía precisa y exacta de lo que podría ser una sociedad acostumbrada a la violencia, pero que no por ser un paisaje común, deja de doler y conmover para todas las voces que se entrelazan y de algún modo piden ser escuchadas en esta edición. De este modo, Alondra Berber nos permite oscilar entre la óptica de la pareja de Káfer, el joven narcotraficante de veintidós años que es ejecutado frente a ella, o las escenas de las madres que buscan a sus hijos desaparecidos, o de la tortura de los que no van a delatar a su amigos. Oscilar es la clave, en cualquier momento la víctima puede ser victimario o viceversa. Queda claro que lo único que no existe es justicia. Dice el poema V de la sección El cuerpo de mi ángel está lleno de balas: 
“Cada muerte en el periódico es la suya, cada viuda gimiendo de rabia, junto a los acribillados y el fotógrafo del periódico. Los perros no ladran cuando pasa la muerte, Todo está en silencio. Nadie anuncia que estamos en la mierda”
Péndulo de cal, es un ejemplo de oficio poético logrado, una estética que arriesga por un tema cercano y potente, basta una ojeada a cualquier página para –por desgracia- encontrar reflejada la historia de nuestras calles, un dolor que todos conocemos, que todos padecemos. Un poemario lleno de voces reales, un libro provocador que hace falta ser leído con detenimiento, más allá de las envidias que pueda generar la voz genuina de una joven poeta.

El erotismo: metáfora del cuerpo*

*Texto para la presentación del poemario Con la luna en el ombligo

Por Estephani Granda Lamadrid

El libro que hoy corresponde presentar, Con la luna en el ombligo, de la escritora Gloria Mejía, es una publicación realizada bajo el sello de la BUAP, y que vio la luz en abril de 2013, En su interior podemos constatar la presencia de dos textos introductorios y un par te poemas que también fungen como presentación, lo que le da una cualidad de único.. A su vez, el libro está dividido en dos secciones, una llamada Celeste y otra Terrena.  El título Con la luna en el ombligo y la temática del mismo me obliga a hablar de un par de cuestiones, referentes al erotismo y a la representación de la luna en las siguientes líneas:

 El erotismo de Paz
Existe un vínculo entre la palabra y el cuerpo, una forma en que podemos unir la piel y  poesía, y es por medio de la metáfora. Nos referimos al ritmo y a la metáfora en un sentido extendido, en el que trastocamos la esencia de los objetos para crear uno nuevo, con un significado que es los objetos y es algo más, transformación, una cosa que ya es otra. 
En este sentido Octavio Paz, en su libro denominado “La llama doble” hace un estudio muy interesante al respecto, y en el que marca una separación de términos; el sexo, el erotismo y el amor.
Para el Premio Nobel, el erotismo es un espectro abierto de posibilidades de reconocer al cuerpo, y transfigurarlo a través de poesía, algo que él denomina estar constituidos por oposiciones complementarias. De este modo, se puede entender que el lenguaje, es decir, la palabra en este caso, tiene la capacidad de evocar y hacer palpables, a través de una nominación, a las sensaciones; y por otro lado, el erotismo no es mera sexualidad, pues es parte de una ceremonia, de una representación.
De este modo,  se reconoce dentro del erotismo la presencia siempre de un par de personajes, la persona que está imaginando y el otro, el sujeto activo pero imaginario (pues dice que siempre es la imagen que nos hacemos del otro cuerpo, como lo recordamos). ¿Abrazamos fantasmas?  Los sentidos, sin perder sus poderes, se convierten en servidores de la imaginación- dice Paz. 
Así pues, llegamos a la inevitable pregunta de ¿quién eres? Quién es el otro cuerpo que está en nuestra mente, y quién es el cuerpo que está al contacto con nuestros sentidos. 
Es esta explosión de sensaciones –más que sentimientos- es la que nos conduce al tema del erotismo. 

Las mujeres y la luna
Una vez que establecimos algunas generalidades sobre el erotismo,  hablaremos un poco sobre cómo  la figura femenina ha tratado de cambiar de sitio, dejar de lado su habitual lugar como como objeto del deseo. Por lo que  aquí corresponde, el libro que hoy presentamos, de Gloria Mejía, nos hace un espacio propicio para reflexionar sobre la pertinencia y la  habilidad para invertir los papeles, es decir, que la mujer se atreva a referenciar el cuerpo del amado, volviéndose así sujeto activo dejando a tras el papel pasivo que ha desempeñado en la literatura. Entonces,  ¿cómo es que se debe abordar el cambio de roles, qué metáforas son las pertinentes para hablar del cuerpo masculino cuando vivimos en un momento histórico en el cual, a principios del siglo XXI se continua con  ideas – respecto al cuerpo, el sexo y los roles- que bien podrían encajar en el medievo, o en la época colonial de nuestro país? 
Lo cierto es que se han hecho algunos avances en la lírica escrita por manos femeninas,  así pues, podemos mencionar un par de ejemplo. El primero de ellos está encarnado en Silvia Tomasa Rivera,  poeta oriunda de Veracruz, perteneciente a la generación de los 50 que ha desarrollado una poética con una enorme carga erótica, como en el libro Poemas al desconocido, poemas a la desconocida:
Seré capaz, si me permites / de perderme en los confines / de tu huerto / y extraer la dulzura, / como quien saca jugo /a un mango criollo
Otro ejemplo, por lo arriesgado de sus temas, son los que podemos encontrar en la poeta Adriana Tafoya, que ha trabajado una poética que pone en conflicto los estereotipos impuestos en la mujer como en su libro de Animales seniles en donde habla del erotismo en los ancianos, mencionemos un ejemplo “me dispongo a posarme en la punta /de un tornillo plata /que brilla erecto / sobre un par de almendras en bolsa de cuero / que tensan a este hombre /al punto del delirio / desnudo”
En otro aspecto, es importante mencionar la recurrencia simbólica de luna, y cuya figura ha sido referencia en todas las épocas y culturas, tanto occidentales como orientales, dándole su jerarquía al relacionarla directamente con la mujer, pues recordemos que las mareas y los ciclos menstruales están supeditados a ella. Además, también se pueden mencionar las diferentes fases de la luna y su vinculación con las etapas, tanto de las mujeres como de la vida, y por tanto, también en un sentido mitológico con  “la diosa blanca” y su presencia en diversos cultos: la luna creciente, la luna llena y la luna menguante., que representaban a la niña, a la mujer en plenitud y a la anciana. En cuanto a la manera gráfica de representar a la luna y por tanto a la diosa blanca que ha  influenciado grandemente a la poesía, se ha preferido por la evocación de los cuernos (como los de los toros) por su similitud con la media luna. Sin duda un tema infinito es el referente a la luna y sus posibilidades, tanto fisiológicas como metafóricas.

El trabajo pendiente
Sin duda, el trabajo que corresponde al erotismo, especialmente al escrito por mujeres, si bien ha tenido intentos aislados, aún tiene un gran camino por delante. Gloria Mejía tiene claro que cambiar los patrones, los estereotipos y prejuicios respecto a  la concepción del amor, de la erotización del cuerpo, de la mujer y la capacidad de goce es un buen objetivo que vale la pena ser explorado en un momento donde los medios nos tienen agobiados con clichés. Un buen poema erótico será aquel que sepa desligarse de lo meramente sexual, de las meras descripciones de un encuentro carnal que roce en lo descriptivo, para volcar el poder de la palabra, y de la metáfora como pilar del texto. Será importante no olvidar, como apuntó Octavio Paz, que se entendiera a “La poesía como testimonio de los sentidos”, es decir, darle la oportunidad a todos los  órganos sensoriales de explorar el cuerpo del amante, tal y como lo hace Cortázar en el número 7 de la novela Rayuela, o como llega a escribir Alberto Ruy Sánchez en sus novelas que rozan en lo poético. 
En hora buena, brindemos por este libro que seguramente será el principio de un interesante ejercicio escritural de Gloria.

 
Design by Free WordPress Themes | Bloggerized by Lasantha - Premium Blogger Themes | Online Project management